Comida Basura: Sólo una Cuestión de Cerebro

Comida Basura

¿No podéis renunciar a una porción de aceitosas patatas fritas, a una hamburguesa con grandes cantidades de salsas y, en general, a una dieta alta en calorías, rica en grasas? Pues, entonces ¡sois víctimas de la llamada comida basura! Sin embargo, parece que es una cuestión del cerebro.

Quien lo confirma son los investigadores de la Universidad de Tufts, en Massachusetts (EE.UU.). Según ellos la comida basura crea una adicción similar a las drogas aunque, con un poco de esfuerzo y buena voluntad, podemos “salir del túnel”. Vamos a ver cómo.

“Al principio de nuestra vida no tenemos una pasión desenfrenada por las patatas fritas ni odiamos a muerte todas las verduras”, explica la profesora Susan Roberts, de la facultad de medicina y psiquiatría de la Tufts University. “Se trata de un tipo de condicionamiento que se produce con el tiempo debido a las comidas asimiladas. Y en este caso, las comidas que la industria de alimentos poco sanos nos ofrece continuamente”.

El estudio, publicado en la revista online Nutrition & Diabetes, demuestra que nuestro cerebro es afortunadamente capaz de “revertir” esta tendencia. Para demostrarlo, los investigadores han involucrado a 13 voluntarios obesos (hombres y mujeres) divididos en dos grupos: a ocho de ellos se les ha propuesto un plan de dieta diseñado por la universidad, mientras que los cinco restantes han sido asignados a un grupo de control.

Todos los participantes se sometieron a una resonancia magnética, que se repitió 6 meses después desde el inicio del experimento. Según los resultados, los cambios en los cerebros de los participantes bajo estricto control psicológico (condicionado) fueron significativamente mayores respecto al resto del grupo original.

La dieta “desintoxicantese basa en el consumo de alimentos con bajo índice glucémico y alta en fibra y proteínas, cuyas raciones están estrictamente controladas. Estos alimentos son ideales para el cuerpo debido a que su digestión se produce de forma lenta y regular, sin provocar grandes fluctuaciones perjudiciales en el nivel de glucosa en la sangre y, por lo tanto, activar el apetito y la languidez irresistible.

Después de 6 meses, además, la sensibilidad hacia la comida basura se ha manifestado con menor intensidad, facilitando aún más el proceso de pérdida de peso de los voluntarios.

“Este tipo de dieta está programada específicamente para obtener una respuesta diferente a los distintos tipos de alimentos. Nuestra investigación muestra que el deseo de los participantes a consumir alimentos saludables ha aumentado, mientras que ha disminuido hacia la comida poco sana”, dijo Sai Krupa Das, profesora asociada a la Friedman School.

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