Cómo Dormir Bien

Cómo Dormir Bien

¿Alguna vez no podemos dormir, dando vueltas en la cama con rabia, sin dejar de mirar con ansiedad el reloj y saber que la mañana siguiente nos despertaremos y estaremos hecho un zombie?

Mejorar nuestro sueño significa mejorar nuestra jornada.
Hay personas que sufren de trastornos del sueño de verdad y, en estos casos, la única cosa inteligente que hacer es consultar a un especialista del sueño; para muchas otras personas dormir mal es sólo una cuestión de malos hábitos o ansiedades pasajeras: en estos casos, para mejorar nuestro sueño son suficientes algunos pequeños trucos.
A continuación 5 consejos prácticos para el buen dormir y enfrentar el nuevo día con toda la energía que se necesita:

Practicar deportes. El ejercicio físico mejora la calidad y la profundidad de nuestro sueño. Si estamos apuntados en un gimnasio, hay que volver a encontrar la motivación y entrenarnos constantemente. Si en su lugar somos unos sedentarios crónicos, hay que empezar ya con un nuevo hábito: el ejercicio. Un consejo, evitamos entrenar por la tarde-noche: la adrenalina que producimos practicando alguna actividad física hace que sea difícil conciliar el sueño y nos haría dormir mal.
Despertar a la misma hora. Levantarse de la cama siempre a la misma hora puede ayudarnos a aumentar drásticamente la calidad de las horas que pasemos durmiendo y reducir las necesidades de dormir más. ¡He complicado! Pero esta regla también vale para el fin de semana. Nuestro cuerpo tiene un reloj interno que controla el llamado ritmo circadiano. Dentro de este ciclo de 24 horas existe una ventana de tiempo precisa para el sueño. Si nos despertamos en diferentes momentos lo único que lograremos es mover constantemente esta ventana de tiempo, empeorando la calidad de nuestro sueño. Es por eso que cuando nos despertamos tarde en el fin de semana, el lunes a las 7 de la mañana tenemos mala cara.
Cambiar dieta. Lo que comemos afecta directamente a la duración y la calidad de nuestro sueño. Los alimentos envasados o excesivamente procesados, y en general, los alimentos ricos en azúcares o carbohidratos aumentan la necesidad de sueño del nuestro cuerpo, empobreciendo, al mismo tiempo, la calidad de las horas transcurrida entre las sábanas. Para cenar, elegimos verduras o legumbres, y por lo general alimentos suaves. Si comemos gachas manchegas, por lo menos evitemos “estrellarnos” directamente en el sofá (mejor sería dar un paseo).
Crear un entorno adecuado. El entorno en el que dormimos tiene un impacto significativo en nuestra capacidad de dormir bien. La oscuridad completa induce nuestra glándula pineal a producir una hormona muy importante para nuestro sueño: la melatonina. Ordenadores y televisores encendidos o en modo de espera, ciertos tipos de despertadores y otras fuentes de luz pueden disminuir drásticamente la producción de esta sustancia, empeorando nuestro sueño. Otro factor determinante para el buen dormir es la temperatura de nuestro dormitorio: un lugar fresco, no frío, puede mejorar el sueño.
Liberar la mente. A menudo, a mantenernos despiertos no son ni la gachas manchegas ni la luz de nuestro despertador, sino nuestros pensamientos. En estos casos, despejar la mente puede ayudarnos a dormir mejor. Para ello a veces puede ser suficiente poner por escrito los compromisos que tenemos para el día siguiente, o llevar un diario donde grabar los pensamientos que más nos angustien.

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