Cómo Perder esos Kilitos de Más Después de las Vacaciones

Cómo Perder esos Kilitos de Más Después de las Vacaciones

Deseadas, imaginadas, esperadas con alegría, vividas intensamente, disfrutadas hasta la última emoción que han sido capaces de darnos. Ahora, sin embargo, las vacaciones han terminado (para la mayoría de los españoles) y la vuelta a la vida diaria trae consigo un balance de lo que el verano nos haya podido dejar.

Descanso y relajación, sin duda, pero también algunos “regalos” menos agradables, como esos kilitos de más, dispuestos a fastidiarnos el estado de ánimo al regresar a nuestras casas. Después de lograr el objetivo que nos habíamos propuesto para hacer frente a la prueba del bañador, ahora la báscula está allí, lista para pasar factura por todos los caprichos que nos hemos concedido bajo la sombrilla o entre los refugios de montaña.

¿Qué podemos hacer? Pues, tenemos dos caminos: observar simplemente con aire angustiada la aguja de la bascula que se ha movido inexorablemente hacia la derecha y volver al trabajo más enfadados aún, debido a esa sensación de pesadez, o arremangarse la camisa y empezar el otoño con el pie derecho y en buena forma.

Regla número uno: ¡calma y no agobiarse! Frustrarse por los efectos de unas relajantes vacaciones preocupándose demasiado por los kilitos de más sólo conduce a agravar la situación. A menudo, para levantar el estado de ánimo o enfrentarse a una carga de estrés, como la causada por el regreso a la rutina diaria, buscamos consuelo en la comida, provocando un círculo vicioso del que es difícil salir.

Es importante establecer objetivos, siempre y cuando sean realistas: la prisa es siempre una mala aliada de las correctas dietas y los resultados de mayor duración son los que se logran simplemente con constancia y paciencia. Empecemos con el análisis de nuestra situación: ¿Cuántos kilos hemos cogido durante las vacaciones?

Si son pocos, la regla en este caso es purificar y desinchar. ¿Cómo lograrlo? Siguiendo una dieta ligera, que tendrá su fuerza en frutas y verduras de temporada. Tenemos que volver a una alimentación regular y saludable, sin renunciar a los sabores. Se empieza con el desayuno, que nunca debe ser olvidado: eliminar las comidas no ayuda a perder peso, al contrario favorece el aumento de hambre al final del día y por lo tanto más incapaz de resistir a la tentación de comer cualquier alimento.

Durante la primera semana, empecemos el día con leche y café o té acompañados de tostadas y mermelada, o cereales integrales. Sí a un plato de pasta para las comidas, a condición de que los condimentos privilegiados sean simples como el tomate, albahaca y una cucharadita de aceite de oliva. Es recomendable comenzar nuestra comida con una ensalada abundante, que tiene un alto poder saciante y una ingesta de calorías reducidas.

Por la cena junto a una ración de carne o pescado al horno o a la plancha (no más de 200 gramos) podemos comer verduras crudas o cocidas con una cucharada de aceite de oliva y acompañar todo con una rebanada de pan de trigo integral. Antes de ir a dormir tomamos la costumbre de beber un té de hierbas de hinojo que, además de la acción depurativa, tiene un alto poder refrescante. A media mañana y media tarde podemos comer una fruta de temporada o un yogur. En las siguientes semanas sigamos con el régimen de mantenimiento, que puede incluir, de vez en cuando, alguna pequeña excepción, como una pizza o un helado, preferiblemente de fruta.

Una regla de oro para nuestros bienestar, que también pueden aplicar aquellos que no están siguiendo una dieta, es mantener una buena hidratación del cuerpo. Si necesitamos bajar de peso, el agua es una ayuda importante. A menudo confundimos la sed con el hambre, así que la próxima vez que sentimos la necesidad de picar algo tratemos de beber antes de comer: nos ayudará a sentirnos más llenos y a buscar comida con menos codicia. Seguir bebiendo incluso cuando estamos en la mesa, para aumentar el volumen y el peso de nuestra comida. Durante el día tomemos bebidas refrescantes como el té y tisanas frías. Nada de alcohol si queremos perder peso: cócteles, licores, etc. contienen muchas calorías. Si rompemos la reglas mejor un postre genuino y sobre todo menos perjudicial para nuestro cuerpo.

Otro “truco” eficaz es reducir de un tercio las raciones preparadas para nosotros; una técnica sencilla, sin embargo nos ahorrará hasta más de 500 calorías al día. Tratemos de dedicar tiempo y atención a nuestras comidas, incluso si no tenemos invitados: la frase típica “como lo que hay, ya que estoy sól@” es enemiga de las dietas. Tenemos la obligación de comer bien y no sólo tragar. Comer es un arte y también dedicar tiempo a la preparación de las comidas es una forma de cuidarse.

¡En cualquier caso seamos tolerante con nosotros mismos! Disfrutar de alguna “transgresión”, aunque pueda alargar los tiempos para recuperar la forma ideal, no es un problema. Recordemos que el objetivo no es llegar primeros en conseguir el “cuerpo perfecto”, sino estar bien, en armonía con uno mismo y con los demás.

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