Érase una vez Sergio Leone

Sergio Leone

Sergio Leone (1929-1989): una larga historia que empieza en la época del cine mudo. Su padre, Vincenzo, nació en Torella de Lombardi en Campania y era director de cine. Había asumido el nombre artístico de Roberto Roberti y dirijo películas con Francesca Bertini, una diva de entonces. La madre era Bice Walerian o Bice Roberti seudónimos de Edwige Valcarenghi, romana y actriz. El padre introdujo al cine el joven Sergio, quien se convirtió en ayudante de Mario Bonnard, en películas de comedia.

En su primer filme del oeste “Un puñado de dólares”, Sergio se firmó como Bob Robertson, que significa “hijo de Roberto Roberti“, creando una moda por lo que muchos directores utilizaban nombres anglosajones inventados en los westerns italianos. El éxito del genero convenció todo el mundo a volver a los nombres reales. Leone realizó siete películas: “El Coloso de Rodas” (1961), “Por un Puñado de Dólares” (1964), “Por unos Dólares más” (1965), “El Bueno, el Feo y el Malo” (1966) “Érase una Vez el Oeste” (1968), “Por un Puñado de Dinamita” (1971), “Érase una vez en América” (1984). Fueron suficientes para convertirlo en unos de lo directores más querido, sobretodo por los jóvenes.

Sin embargo, no fue fácil para el joven Sergio Leone imponerse como director, después de haber trabajado como extra, guionista y asistente a la dirección. Una gran trayectoria profesional que dejó por presentarse ante algunos productores con un guión, el de “Por un Puñado de Dólares”. Un guión que comenzaba con un vaquero misterioso montando no un caballo sino un burro, algo inaudito para una película del oeste tras las cabalgadas famosas de John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann. Leone reemplazó al burro con una mula. Pero la dificultades no se acabaron aquí. A las primeras decepcionantes recaudaciones los productores tuvieron que hacer frente también a las multas por plagio. De hecho, Leone y los productores no pensaron en hacer una obra maestra y copiaron completamente la historia de la película japonés “El reto del samurái” de Akira Kurosawa, convirtiendo un samurai en un pistolero del Oeste.

La genialidad del primer western de Leone, por lo tanto, no están en la trama, sino en la realización: grabada con muy pocos medios (el coste total fue de 120 millones de liras, muy poco dinero, incluso entonces), la película está llena de tensión, de violencia y brutalidad, de verdadera maldad por parte de los asesinos, de protagonistas cínicos e irónicos. No hay intérpretes femeninas, no hay posibilidad de distinguir el mal del bien. La banda sonora, hecha con guitarras, es sorprendentemente original y las secuencias largas están llenas de silencios y ricas de contenidos. Las tomas pasan de grandes aberturas a feroces primeros planos (en las películas de Leone la cámara a menudo se detiene en un detalle de la cara de los protagonistas: el sueño de todo los actores – dijo Claudia Cardinale – que siempre quieren estar enmarcados en un primer plano!).

La trilogía del dólar de Leone continúa con “Por unos Dólares más”, en práctica la séquela de la primera, con los mismos actores más Lee Van Cleef, y luego con “El Bueno, el Feo y el Malo”, con Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach: película que es reconocida como un verdadera legenda en la historia de las películas del Oeste.

En 1968 llega “Erase una Vez en el Oeste”, película grandiosa y costosa, donde entre los protagonistas aparece también un Henry Fonda en un papel inusual para él: el malo. La película es una verdadera obra maestra, pero tal vez no tuvo el éxito que se merecía. Aquellos titulares de 25 minutos (sí, 25 minutos) y los 15 minutos de silencio al comienzo de la película (15 minutos en el que los protagonistas no hablan) asustaron a los distribuidores americanos, que cortaron muchas secuencias de la película haciendo casi incomprensible la trama. Pero la versión original es una verdadera lección de cine.

Con un “Puñado de Dinamita” Leone concluye su periodo Western. Después se dedicó a la realización de su obra maestra “Érase una vez en América”, en que tardó 10 años.

Sergio Leone murió repentinamente en 1989, mientras preparaba una película sobre la batalla de Leningrado. Sin embargo, para nosotros, el gran narrador inspirado en Homero (como él se definió una vez) seguirá contándonos historias modernas, duras pero dulces.

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