Interstellar, la Película de “Ciencia y Ficción”

“El fin de la Tierra no será nuestro fin”. Este es el lema de Interstellar, la nueva y muy esperada película de Christopher Nolan que ha costado 165 millones dólares y se estrena hoy en los cines españoles. Todavía no sabemos si la humanidad continuará a existir después del fin del mundo y, probablemente, no lo vamos a saber durante algún tiempo todavía (se supone). En la espera, el New Scientist ha tratado de analizar la base científica de la película, desarrollada bajo los consejos de Kip Thorne, uno de los más famosos físicos teóricos del mundo y gran experto de la relatividad general. “Su trabajo”, dijo el Nolan, “ha sido más emocionante e importante respecto a mi trabajo como guionista”. Pues, entonces vamos a analizar todo lo que necesitamos saber antes de ir a ver la película.

En Interstellar, ambientada en el planeta Tierra en un futuro no muy lejano, los cultivos (trigo, en particular) son destruidos por un hongo que se propaga rápidamente por todo el planeta. En el mundo real, aunque en menor proporción, algo parecido sucedió realmente por ejemplo con la Hambruna Irlandesa de la Patata en el siglo XIX, y en la actualidad con la epidemia de Roya Negra causada por un hongo que amenaza los cultivos de trigo de África, Asia y Medio Oriente. Según la revista New Scientist, Nolan se ha inspirado a la llamada Dust Bowl, un fenómeno de sequía que se produjo en los años treinta en América del Norte. La tierra se convirtió en polvo y fue levantada por el viento en grandes nubes de arena, causando un daño irreparable a los cultivos y la migración en masa de millones de personas hacia tierras más fértiles.

En la película, la humanidad tiene que buscar un nuevo hogar para sobrevivir a la hambruna apocalíptica. En la realidad, incluso si no logramos convertir la Tierra en un planeta inhabitable, tendremos el mismo problema, un día. Ya que dentro de cinco mil millones de años el Sol comenzará a expandirse hasta “tragarse” la Tierra. ¡Entonces sí, será necesario “emigrar” de verdad! Pero, ¿dónde? Desde hace varios años estamos buscando exoplanetas habitables, y también parece que ya hemos identificado algunos posibles candidatos. El problema es que están demasiado lejos y todavía tenemos que encontrar la manera de llegar allí.

Y aquí entran en juego los agujeros de gusano o puentes de Einstein-Rosen: una especie de túneles (por ahora puramente hipotéticos) que conectan diferentes puntos del espacio-tiempo, es decir, un atajo. Hasta hace pocos años, los agujeros de gusano parecían ser nada más que un producto de la mente de algún físico teórico demasiado audaz. Hoy en día, las cosas han cambiado. De hecho algunos científicos han propuesto modelos para recrear uno de estos atajos, aunque de momento sólo de forma teórica. Tal vez dentro de miles de años descubran la forma de hacerlo de verdad…..yo, en la espera, me voy a ver Interstellar al cine.

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