Star Wars: La Guerra de las Franquicias

Star Wars

Mayo de 1999

Un impaciente adolescente quiere adelantar el reloj de su clase de inglés con la mente. Sin duda ,Obi-Wan no tendría problema alguno en hacer esto. La espera se ha convertido en desesperación. Finalmente, la profesora exasperada deja salir a la jauría que corre frenéticamente al cine más cercano al colegio. ¿El evento? Nada más y nada menos que el estreno de Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma.

Las horas siguientes pasarán veloces como un Podracer en Tatooine (si dos de las últimas tres palabras te suenan a arameo para de leer ahora mismo). Salimos del cine totalmente trastornados. No seríamos los mismos, algo había cambiado en nosotros: habíamos sido testigos de una de las mayores profanaciones en la historia de la cultura popular, nos habían engañado y nos tragamos esas dos horas de la misma manera que nos tragamos los cuatro kilos de palomitas con la cara de Jar Jar Binks en la caja.

Pero eso no me pasó por la cabeza en ningún momento.

Simplemente, acababa de ver una película que era una obra maestra de efectos especiales, personajes familiares y nuevos moviéndose en un universo que ya era conocido de sobra por todos, que se había validado totalmente dos años antes con el re-estreno en cines de la Trilogía Original de Star Wars.

Pero Episodio 1 es una película con tales errores garrafales (introduces a un villano épico y lo muestras 10 minutos, luego encima lo matas para que jamás regrese) que sólo pueden pasar desapercibidos si se cubren con una ola de hype que sólo el tiempo puede borrar. Éramos mentes impresionables, simplemente la película tenía que ser buena, no había otra alternativa. Nos encontrábamos en un síndrome de Estocolmo Lucasiano, estado el cual te habilita para aceptar a Jar Jar Binks sin siquiera pensar ¿esto es una mierda no?

Ahora, catorce años más tarde nos encontramos con que el autor de tocamientos a nuestras infancias decide vender la propiedad de Star Wars a Disney para que se encargue de crear una nueva trilogía (episodios VII, VIII y IX además de otras dos películas una basada en el personaje de Han Solo y otra en el de Bobba Fett).

Es ahora que nuestra infancia colectiva víctima de abusos (¡Meramente cinematográficos desde luego!), se llena de flashbacks y pesadillas: ¡Otra vez no!

Sin embargo, soy de lo más optimista.

¿Las garras del tío Lucas se apoderaron de mi cordura para siempre? ¿Acaso no veo que se puede repetir otra vez lo mismo? Obviamente el cinismo y la cautela nos dicta que hay que esperar esta nueva trilogía como una cita al urólogo. Pero hay una serie de factores que me reafirman en mi optimismo y me confirman que me puedo jugar lo que sea a que JAMÁS van a caer al nivel de la segunda trilogía (en serio, hubo gente que tuvo que mostrar en un peluche dónde en su bagaje cultural le tocó el tío Lucas)

Star Wars Logo

Factor 1: El modelo de negocio Marvel.

Disney compró Marvel Studios y han seguido un modelo negocio en fases que les ha funcionado fenomenalmente en las películas de superhéroes individuales y en su mash-up rompe taquillas The Avengers. Esto nos dice cuando menos que Disney deja trabajar a los talentos y les da espacio para dar rienda suelta a estrategias que mucha gente consideraba arriesgadas aún con personajes ultra-conocidos. Siguiendo esa base Star Wars tiene un futuro planeado asegurado.

Factor 2: Bye bye, Lucas.

Parece que al tío Lucas le llegó la policía a la puerta y se lo llevaron de una vez por todas. Como fans de Star Wars agradecemos enormemente su labor, pero esta galaxia tan lejana se le ha quedado grande al director y va más allá de él. Su labor en adelante será la de asesor y si hay justicia en el mundo, su Jabbaesca papada podrá ser apagada en las conferencia de Skype cuando empiece a desvariar.

Factor 3: J J Abrams.

JJ –Lens flare- Abrams (para los fans, por el uso desenfrenado que le da a los destellos en la lente) es un director, además de productor de series de éxito como Alias o Lost, que puede con una franquicia de este calibre sin despeinarse. Se encargó de darle un lavado de cara a Star Trek y sacarla de los sótanos de geeks de mediana edad a la luz y atención de las masas. Star Trek es una película con más acción que preguntas filosóficas sobre el destino de la humanidad pero como entretenimiento puro es infalible. Claramente Abrams se encontró al genio de la lámpara y suponemos que su tercer deseo es dirigir una nueva trilogía de Casablanca…

Su capacidad visual es indiscutible aunque muchas veces robe de sus mentores, sólo con ver Super 8 (2011) entendemos que estaba con el Spielberg mode on. En este caso esto puede ser un factor muy positivo puesto que estar Wars necesita ese componente de Blockbuster de los 70, una saga sin edad que no necesite de veinte minutos de un Yoda CGI saltando como un poseso. Abrams es, además, un masivo fan de Star Wars y según tenemos entendido Damon Lindelof no acercará sus pezuñas pulsa-teclas al guión.

Estos factores hacen que a pesar de no estar en edad escolar me proponga ir al estreno de esta nueva trilogía con el mayor sentido del asombro posible, dejaré el cinismo en la puerta con la tranquilidad de que el tío Lucas no puede hacernos más daño, y reviviré los murmullos rabiosos de fans que gritan cuando vean un logo enorme de Star Wars en la pantalla, eso sí, tendrá un montón de lens flares.

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