7 Mitos Falsos sobre el Hijo Único

7 Mitos Falsos sobre el Hijo Único

Padre, madre y un niño. La familia compuesta por tres personas es cada vez más común en España. Sin embargo el hijo único, aunque en aumento, todavía es una realidad que sigue siendo acompañada de mitos y estereotipos falsos. Ideas que han encontrado muy pocas respuestas en la literatura científica y que tampoco ayudan a las parejas que, por diversas razones, deciden tener sólo un hijo.

Según distintos expertos en psicología, no existe el “síndrome del hijo único” ya que se pueden encontrar las características psicológicas más comunes también en una familia de tres. Lo que cambia es la estructura de la relación y no del amor entre los “padres – hijos” y “padres – hijo”. También es cierto, que cada niño es diferente y único, con o sin hermanos. Además hay una enorme variación entre los hijos únicos como la que existe entre las familias donde crecen. Los posibles elementos de formación de la persona, las circunstancias que nos hacen lo que somos son múltiples y complejas, en parte difícil de analizar. En cada familia se crean condiciones emocionales y relacionales irrepetibles que tienen un significado diferente e impactan de forma original sobre cada uno. Tener o no tener hermanos es sólo uno de los posibles factores que influyen en el desarrollo y en la imagen de uno mismo.

Por esta razón es necesario desmontar las creencias sobre el hijo único. Vamos a ver a algunas de las más comunes:

Mimado y caprichoso
Atenciones, tiempo dedicado, recursos y disponibilidad no es sinónimo de mal criar. No existe el “demasiado cariño”. Sí existe la incapacidad para comprender las necesidades reales de los pequeños y en consecuencia responder de manera apropiada y consistente. Además, el malestar, las dificultades que advierte un niño y su intento de prevalecer sobre un adulto desatento se crean independientemente de la presencia de hermanos.

Dificultades para socializar
Por supuesto, los hermanos ofrecen condiciones básicas de vida irrepetibles. Aunque gran parte del trabajo teórico del psicoanálisis se ha centrado especialmente en los aspectos negativos de la relación entre los hermanos, como la competitividad, hay posibilidades únicas en esta experiencia. Sin embargo los hijos únicos no son perjudicados si tienen oportunidades de experimentar relaciones con sus coetáneos. Estudios realizados en Estados Unidos y China han demostrado que tienen tantos amigos como los niños con hermanos.

Agresivo y arrogante
Según algunas investigaciones el hijo único sería más cooperativo y menos competitivo, ya que desconoce los clásicos celos y peleas entre hermanos. De hecho, el “abuso” físico y verbal, entre hermanos es frecuente. Los niños con hermanos están acostumbrados a compartir y colaborar, pero también a competir y aguantar. Una investigación realizada en el Reino Unido en 2010 incluso relaciona la felicidad con el número de hermanos. La mitad de los 2.500 adolescentes encuestados atribuye la razón de su descontento con la intimidación, el acoso, la invasión por parte de los hermanos.

Sólo y aislado
Un hijo único puede parecer estar más sólo. En cierto sentido lo es, pero se puede estar sólo, incluso con hermanos. A menudo hay un “hijo único”, por diferentes razones, incluso en una familia numerosa. No son los hermanos que aseguran la compañía, el apoyo y la vivacidad de nuestras relaciones sino los vínculos cualitativamente satisfactorios con las personas. Además “sólo” no significa solitario o incapaz de hacer amigos y llevarse bien. Saber consolarse, hacerse compañía y afrontar la propria soledad constructiva es, por ejemplo, un gran recurso que pertenece más a los “únicos”.

Crece demasiado rápido
Cuando el único modelo son los padres, es posible que el niño copie más sus comportamientos, sus formas de hablar y sus modales. Resultado más “adulto”. En este caso, lo que hay que incentivar es la necesidad de relaciones con los coetáneos, distintas a las de los padres.

Más dependiente
La falta de hermanos puede hacer que sea autosuficiente antes. Por supuesto, ser el único niño significa tener todo para uno mismo: las atenciones, los cuidados, las expectativas y responsabilidades. Una ventaja, pero también una gran carga. El triángulo padre-madre-hijo puede fortalecer y ser estimulante, pero también absorber y obstaculizar el proceso de autonomía y emancipación.

Inventa amigos imaginarios para compensar la soledad
La fantasía de los amigos imaginarios no se limita sólo al hijo único, “aislado o desfavorecido”. Se trata de una creación positiva bastante común. Los niños pueden tener que enfrentarse a la soledad, a los miedos, a las preocupaciones con la ayuda de un amigo de su propia creación.

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